jueves, 25 de junio de 2015

El Ahora Amable y la Mente protestona




     Vemos una persona meciéndose en una hamaca bajo la fresca sombra de los árboles. 
     Otra paseando en la playa con su perro. 
     Otra persona caminando en un sendero que serpentea suavemente entre las colinas de un verde valle. 
     Parecen la imagen de la calma y la felicidad. 

     Parece como si esos lugares debieran dar la calma y felicidad que todo ser humano desea.
     Pero, ¿es así? Si pudiéramos entrar en sus mentes quizá escucharíamos cosas como estas:
     “No debería estar aquí. Tengo que levantarme y ponerme a terminar el trabajo. Voy con atraso… Esto es una faena, nunca puedo disfrutar. Necesito descansar. Necesito que me dejen en paz…”
     “¡Manda narices la fresca de mi cuñada! En cuanto tenga una ocasión le pienso decir que si ella le dice a su hijo lo que le ha dicho al mío. Esta me va a oír. Lo que más me cabrea es que soy lenta de reflejos, las respuestas se me ocurren siempre tarde. Ahora, en cuanto su hijo haga la más mínima, esta se va a enterar”
     “Mañana es lunes y tengo que volver a la dura realidad. ¡Mierda de domingo! ¡Los domingos son horribles! Al día siguiente es lunes y ya se fastidia todo. Se hace larguísimo. La semana es muy dura. Vaya amargura”.
     Y junto con esas frases se proyectan películas en la mente, que mezclan escenas del pasado y escenas de un futuro imaginario. Películas que producen emociones y nos hacen sentir mal. Películas que son ficticias, que no son reales, pero que generan una enorme cantidad de emociones consumiendo nuestra energía. No son ficticias porque no están ocurriendo ahora. Son sobre un pasado que ya no existe, o sobre un futuro, que tampoco existe.
     Entonces, ¿qué es lo real? ¿qué es lo único real en ese momento?:
     El balanceo de la hamaca. El cielo azul y claro recortado entre las hojas de los árboles.     La brisa fresca. El canto de los pájaros.
     La arena de la playa. El rumor de las olas. El espacio infinito del cielo que se funde con el espacio inmenso del océano. El olor del yodo marino.
     La brisa en los árboles. La respiración al caminar. Los pájaros que cantan. La sensación física de los pies y las piernas al caminar. El silencio y la presencia poderosa del bosque, las montañas y los valles.
     Si centramos nuestra mente en el Ahora, la Vida, el Mundo es siempre mucho más amable, mucho más generoso, de lo que nuestra mente interpreta.

viernes, 19 de junio de 2015

La Persona Iluminada



La mente de la persona iluminada permanece en silencio la mayor parte del tiempo,
amplia y espaciosa como el cielo despejado, 
es el vehículo claro y eficaz de la Conciencia. 
La persona iluminada utiliza su mente cuando realmente hace falta, 
el resto del tiempo su mente permanece callada, calmada y serena.
La persona iluminada no se enfada, no se irrita contra la vida, ni contra las personas, ni contra sí mismo. 
Para la persona iluminada no existen los problemas, sólo desafíos que soluciona y acepta. 
Su corazón está siempre en paz. 
Gusta estar a su lado, incluso aunque no sepas porqué, buscarás su compañía. 
Siempre te serena. Nunca te hiere ni te rechaza. 
Su comprensión y su compasión es tan grande como el océano.
Hace su trabajo. Luego se marcha sin mirar atrás. 
No le afectan los elogios. Tampoco las críticas. 
El pasado ya no tiene peso en su conciencia.
El futuro no determina sus acciones.
Vive fuera del Tiempo.

Su Conciencia Plena se abre como una flor en el Ahora.

lunes, 15 de junio de 2015

Películas Mentales




     Cuando yo era pequeña ponían una serie de dibujos animados distribuidos por la Warner Bross que se llamaban Merrie Melodies y que en España se conoció por “Fantasías Animadas de Ayer y Hoy”. Los dibujos animados del coyote y correcaminos eran unos de mis preferidos. La música inicial se me quedó grabada en la memoria, y sigue grabada ahí, junto con una voz que en español decía “Fantasías animadas de ayer y hoy presentan…”. Esta serie de dibujos y su presentación me sirve, con una ligera variante, para explicar cómo funciona la mente. 
     La identificación con la voz dentro de nuestra cabeza nos obliga a vivir continuamente encerrados ahí dentro, como si de una prisión se tratara. Tenemos la sensación de percibir el mundo desde detrás de los ojos, tenemos la sensación de estar ahí ‘dentro’, solos, irremediablamente solos e incomprendidos, porque nadie, absolutamente nadie, puede estar en nuestro lugar y ver el mundo y la vida como nosotros lo estamos viendo. A esta sensación de desconexión absoluta, que produce una inmensa angustia e inseguridad, hay que sumar la sensación de que el tiempo se nos escapa inexorablemente entre los dedos, que el pasado es una bolsa cada vez más grande experiencias, emociones, momentos perdidos y que no podremos recuperar, y el futuro es algo inexistente aún, pero que vendrá, cumpliendo nuestros deseos, o cumpliendo las amenazas más temidas, teniendo la sensación, que se va haciendo con la edad más y más fuerte, de que cada día, cada hora, nos acerca al final inexorable y temido de nuestra existencia física. No hay peor destino para un ser humano que esa sensación de aislamiento dentro de su cabeza, y que esa sensación de tiempo lineal, que se escapa y que no se puede dominar. 
     Nuestra mente a menudo visita el pasado, recordando, reconstruyendo, cambiando —si hubiera hecho, si hubiera ido, si hubiera dicho—, resintiendo, lamentando, añorando. Y también a menudo visita el futuro, deseando, esperando, temiendo, preocupándose, angustiándose —debería hacer, debería decir, nunca voy a lograr esto, si yo pudiera lograr este sueño…—. En esas proyecciones en el tiempo, la mente genera películas, que tienen un enorme poder de generar emociones en nuestro cuerpo. 
     Haz un ejercicio muy sencillo, imagina un limonero cargado de limones. Bonito, ¿verdad? Observa si ha ocurrido algo en tu cuerpo. Seguramente no notarás nada, es bonito, pero no parece cambiar tu cuerpo, al menos de manera que tú notes. Ahora imagina que coges un limón, que cortas el limón por la mitad, que estrujas el limón en tu boca, que lo chupas con tu lengua. ¿Lo has notado? Estoy segura que al leer estas líneas, tú, al igual que yo al escribirlas, has generado también más saliva en tu boca; la boca se te ha ‘hecho agua’. Con este sencillísimo y rápido ejercicio hemos aprendido dos cosas fundamentales: la primera es que el cuerpo no responde a la imagen, sino a la película. Y la segunda es que el cuerpo no puede distinguir cuándo la película es real y cuándo es ficticia. Aquí no había ningún limón, ni tú ni yo, hemos cortado ningún limón, ni lo hemos chupado, pero tú y yo hemos producido más saliva al imaginar que estrujábamos el limón en nuestra boca. Esa producción de saliva significa que las células de tu cuerpo han respondido a la película como si ésta fuera real. Diversas investigaciones nos dicen, también, que nuestro cuerpo responde a las películas que vemos; si vemos un thriller o una película de miedo, nuestro cuerpo producirá durante la película más niveles de cortisol y de adrenalina respondiendo al peligro que está percibiendo. Ya, ya sé que me dirás que tú sabes que ‘no es verdad’; bueno… puede que tú sepas que es una película, que no es real, pero resulta que tu cuerpo no se entera y produce más adrenalina y cortisol, por si acaso. 
     Ahora observa, ¿Qué tipo de películas produce tu mente? ¿Tipo Almodóvar, Alex de la Iglesia, telenovela mexicana, Walt Disney, Peter Jackson? Si las células de tu cuerpo han respondido tan rápidamente a la breve película del limón, ¿te imaginas cómo están respondiendo las células de tu cuerpo al cine en ‘sesión continua’ que emite tu mente?
     ¿Qué hacer entonces? Si intentas pelear para que la película no se proyecte, tienes la batalla perdida. Haz otro pequeño ejercicio, pon un cronómetro durante un minuto. En ese minuto piensa en lo que tú quieras, todo lo que tú quieras, sea lo que sea, siempre que no sea un coche rojo. Vale… ya sé, ahora mismo tienes un coche rojo en tu mente, y si haces este pequeño ejercicio, en un sólo minuto, pasarán por tu tráfico mental, varios coches rojos. Lección aprendida: no hay que pelear. Aquello contra lo que peleas se hace más fuerte. 
     Lo único que puedes hacer, y es tremendamente potente, es observar. Observar la película que aparece en tu mente. La conciencia que observa la película que ha aparecido es diferente de la conciencia que crea la película. Es más, las películas que crea tu mente no son algo personal, no son algo que tú en especial hagas, diferente de los demás. Es cómo funciona la mente, cómo se ha condicionado en tu cultura y educación, y es una proyección de películas muy repetida en otras ‘salas de cine’, es decir, en otras ‘mentes’. 
     Observa la película, pero no te la creas, tampoco te enfades porque tu mente se haya puesto en ‘modo sesión continua’ otra vez. El enfado es parte de la película, es parte de la voz del ego. El enfado es otra película. Simplemente observa. Observa la película que ha aparecido, eres el testigo silencioso que observa qué hay en la pantalla de tu mente, en el espacio de tu mente. No alimentes los argumentos de la película ‘es verdad, porque qué va a ser de mí, no tengo dinero suficiente, nunca tengo dinero suficiente, la vida es injusta, todo me tiene que pasar a mí…”. Tampoco intentes rechazar la película, ‘no quiero pensar en esto, no quiero verlo, no quiero sentir estas emociones, ya está mi mente fastidiándome, es perversa, me hace daño, pretende destruirme…’ La primera actitud es lo que en Oriente llamaban ‘apego’ y la otra es ‘rechazo’, ambas refuerzan la película en tu mente. Observa la película. Se quedará un rato, se irá, volverá pasado un tiempo, se volverá a ir. Cuánto más observes sin apego y sin rechazo, más fuerza irá perdiendo hasta que desaparezca. 
     Una de las cosas que más puede ayudarte es la risa. Cuando seas capaz de reírte de tus propias películas, éstas perderán mucha fuerza.  Por eso, a esa producción de películas mentales yo le llamo, riéndome de mí misma, “Fantasías Animadas del Ayer y del Mañana Presentan…”, porque a veces son del Ayer, del pasado, y otras son del mañana, del futuro. Pero son fantasías. Solamente fantasías. Son fantasías porque tal y como explica soberbiamente Eckhart Tolle  (“El Poder del Ahora” y “Un Nuevo Mundo, Ahora”) el pasado ya no existe y el futuro tampoco; lo único que existe es el Ahora; pasado y futuro son, nada más, que un constructo de nuestra mente. 
     Entonces ¿no podemos planificar porque planificar sería fantasear sobre un futuro que no existe? Claro que sí, porque la planificación la hacemos en el ahora, y porque en la vida práctica el tiempo de reloj, de calendario es útil. Pero una cosa es la planificación y, otra, la proyección fantasiosa. Pongamos un ejemplo: imagina que comienzas en un trabajo nuevo, en un lugar nuevo y con un horario nuevo. Planificas cómo vas a ir al trabajo, qué medio de transporte vas a utilizar, qué ruta vas a escoger para ir, cuánto vas a tardar en llegar, a qué hora te tienes que levantar para llegar a tiempo… Eso es planificación, y muy útil si quieres llegar a tu hora a tu trabajo. La proyección de la imagen de ti en el nuevo lugar de trabajo, las fantasías, positivas o negativas, de los encuentros que vas a hacer allí, cómo te va a ir, cómo te vas a relacionar con tus compañeros, con tus superiores, conversaciones imaginadas… eso es fantasía y no te hace falta para funcionar mejor en tu trabajo. Eso son “fantasías animadas del mañana presentan…”


      ¿Que no son fantasías? Haz una comprobación: mira tu vida ahora, tal y como es ahora, si tienes ya unos cuantos años… ¿habías alguna vez imaginado alguno de los detalles de tu vida que fueran así? ¿Haber vivido alguna de las cosas que has vivido? Algunas sí las habías planificado, pero la vida ocurre sin nuestra planificación, y conocemos gente, hay encuentros y separaciones, muertes, despedidas, trabajos, crisis, y situaciones —agradables y difíciles— que jamás hubiéramos imaginado ni planeado. 
     Haz otra comprobación: cuando tengas algo a corto plazo, observa cuándo tu mente está generando una fantasía, anótala en un cuaderno, cuando llegue la situación, ¿se ha cumplido tu fantasía? No la planificación, si no la fantasía. Pon un punto verde en las que sí, un punto rojo en las que no. Por ejemplo, estás pasando una mañana muy mala en el trabajo y crees que no aguantas más, tu fantasía es ‘no puedo vivir así, no puedo aguantar el trabajo’, acaba la jornada y resulta que has aguantado la mañana, has terminado tu jornada laboral, no te has muerto a mitad de la jornada. ¿Se ha cumplido tu fantasía de ‘no puedo vivir así’? No, no se ha cumplido. Averigua, el porcentaje de aciertos de tus fantasías. Será algo así como un 0’0001 %.
     ¿Quiere eso decir que tu mente no influye en la realidad? Sí, influye en cómo tu percibes la realidad. La realidad no cambia para ti, pero tú la percibes a través de tu mente. Si tu mente proyecta películas gore, amenazadoras y violentas en tu mente, te parecerá que la gente es agresiva contigo. Tus fantasías no se cumplirán en lo concreto, en el detalle, pero sí se cumplirán en el tema general del guión. ¿Qué tema general hay en tus películas? ¿Miedo, rabia, angustia, preocupación? Eso es lo que estarás proyectando y lo que te parecerá que los demás y la vida te devuelven. Porque incluso aunque no lo hagan, te parecerá que lo están haciendo. Si proyectas rabia, un comentario amable de tu pareja o de un colega ‘¿cómo te va? ¿pudiste acabar el trabajo que estabas haciendo?’ lo puedes percibir como una exigencia respondiendo con rabia en tu mente ‘¡qué poca vergüenza! ¡Se atreverá a exigirme! ¡Claro, desde su lugar se ven las cosas muy fáciles!’
     Observa esos diálogos internos, esas películas. No las alimentes con más argumentos. El ego te dará un tirón muy fuerte, para que le sigas. No lo hagas. Observa, mira. Acepta que la realidad de tu mente, ahora, es esa. Observa. Tampoco rechaces esos estados. Son momentáneos. Toma conciencia de todo lo que aparece en tu mente. No dejes nada sin conciencia. 
     La luz de la Conciencia se irá haciendo en ti cada vez más fuerte. Las películas ya no serán en sesión continua, sino en sesión numerada, y pasarán de ser superproducciones larguísimas a mini cortos que apenas empiezan están terminando. Breves como un anuncio, y desaparecen… por falta de seguimiento. 
     Y entonces te sientes en paz, feliz con el momento presente. Con el Ahora tal y como se manifiesta. Sea como sea. Intensamente presente, plenamente consciente en todos los momentos de tu vida. Sean los que Sean. 

martes, 9 de junio de 2015

La Presencia en Todo



Cierro los ojos.
Siento la conciencia, la presencia, de la luz que toca mi piel. 
Siento la conciencia la presencia, de la tierra bajo mis pies y mi cuerpo.
Siento la conciencia la presencia, del océano cuyas olas rompen en la orilla.
Siento la conciencia la presencia, de los pájaros cuyo canto escucho.
Siento la conciencia la presencia, del aire que respiro y noto esa presencia y conciencia entrar en mi cuerpo. 
Siento la conciencia la presencia, de todas mis células. 
Mi cuerpo se abre y se expande. Desaparecen sus límites. 
Todo es un mar de Vida. 
Todo es una red de Vida, en constante, fluctuante y armonioso movimiento.
No tengo límites. Formo parte de ese mar, de esa red. 
No estoy dentro de mi cabeza. No hay cabeza. No hay voz dentro de la cabeza.
Energía vibrante y expansiva, armoniosa y fluctuante. 
Eso es lo que soy. 
Abro los ojos. 
Veo la gente. Siento otra vez los límites de mi cuerpo. 
Pero siento, profundamente, la conexión con la luz, la tierra, el océano, los pájaros, el aire, la gente que me rodea, y con mi propio cuerpo. 
No puedo si no amar intensamente todo aquello con lo que siento esa conexión. 
Profundamente enraizada en el amor, la paz y la vida. 

El sufrimiento, el aislamiento, la soledad de vivir aislados dentro de nuestras cabezas, separados del resto, separados del mundo, incomprendidos, solos, es el peor destino del ser humano. 
Y ese destino es un engaño, un espejismo, un juego de espejos. 


Como la brizna de hierba, como el tallo de lo que será flor, se abre con esfuerzo paso entre los terrones de tierra, el ser humano se abre paso y se asomo a una realidad mucho más luminosa y espaciosa de lo que nunca había imaginado. 

lunes, 1 de junio de 2015

El Ego y la Felicidad


     El ego siempre busca la felicidad donde no está. 
     Hay tres características principales en la búsqueda de la felicidad del ego. La primera es que para el ego la felicidad nunca ocurre ahora, siempre cree que está en el futuro. Incluso con un presente maravilloso el ego pronto se aburrirá y creerá que hay una felicidad mayor esperándole en el futuro: cuando me case, cuando tenga hijos, cuando me separe, cuando tenga trabajo, o cuando cambie de trabajo, cuando consiga ese ascenso, cuando me jubile... 
     Otra segunda característica es que el ego pone la felicidad en algo externo: una pareja, (no cualquiera, si no la pareja perfecta, tu media naranja que te espera)..., hijos, un trabajo, dinero, una ciudad o lugar... Hay algo externo a ti que cuando lo tengas serás feliz, y que vincula la búsqueda en el exterior de ti, con la proyección al futuro.
     El ego colectivo popular ha generado, además, leyendas o amuletos que atraen esa supuesta felicidad: el trébol de cuatro hojas, la herradura, el oro al final del arco iris. Sin darse cuenta que la felicidad es ver el arco iris, ahora, o la sencillez del trébol, con una conciencia presente y una mente en silencio. 
     La tercera característica es más sutil. Como el ego se siente aislado del resto de los seres y personas, es la voz dentro de la cabeza, aislada del resto del mundo, su 'felicidad' es exclusiva y excluyente. Es decir, si me toca la lotería voy a ser feliz yo, no los demás, y mi suerte no tiene porqué beneficiar a muchas más personas aparte de mí y los míos. Si encuentro una pareja, esa persona debe hacerme feliz, es decir, utilizo a esa persona como el instrumento de mi felicidad. El primer paso es 'mi felicidad, aunque sea sin la tuya'. El paso siguiente para el ego es 'mi felicidad aunque sea a costa de la tuya'; peleas, broncas, guerras y, en los casos muy extremos, asesinatos, se derivan de ese principio. 
     El ego es astuto, y para la persona que se identifica con la etiqueta de espiritual, seguirá proyectando igualmente en el exterior y en el futuro: cuando esté iluminado o iluminada, cuando tenga paz, cuando encuentre un maestro, cuando la gente y los problemas me dejen en paz y, entonces, pueda dedicarme a mi desarrollo interior... Observa que, con otras etiquetas, las proyecciones son las mismas.

     La felicidad está solamente dentro de ti, Ahora. Es cómo tu mente interpreta lo que ocurre. Es tu estado de conciencia ante lo que se está manifestando en el Ahora. 
     La Felicidad Nunca está fuera, siempre está dentro. Nunca en el inexistente y fantasioso mañana, si no en el Ahora. Nunca excluye ni aísla, si no que incluye e integra. La Felicidad es un estado de conciencia plena perfectamente alineado con lo que se manifiesta Ahora.

jueves, 21 de mayo de 2015

Renacer tras el Sufrimiento

(Fotografía de Yolanda Calvo Gómez)

     Veo tu llanto y tu sufrimiento, tu rabia y tu ira contra el mundo y lo que reclamas injusto. 
     Lo veo y lo reconozco como el mismo que cultivé y acaricié en el pasado. 
     Te preguntas ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? Sin darte cuenta de que sólo cambiando ligeramente la pregunta sería más fácil encontrar dentro de ti la respuesta. 
En lugar de preguntarte ¿por qué?, pregúntate ¿para qué? Y, por favor, no respondas con rapidez, no dejes que tu mente responda. Deja que las preguntas entren dentro de ti, profundicen dentro de ti.
     ¿Para qué me pasa esto a mí? Es decir, ¿qué puedo aprender de esta experiencia? Si dejo de convertir esta experiencia en mi enemiga… ¿podría aprender algo? ¿qué sería? ¿podría ser que pasado el tiempo, pasados los años, me dé cuenta de todo lo positivo que esta experiencia está aportando a mi vida? 
     ¿Podría ser que otra persona, ante esta misma experiencia, la viviera con más calma, con más integración y plenitud? No digo que sean muchas personas las capaces de hacer eso, ¿pero podría haber alguna?
     ¿Puedo saber con absoluta certeza qué es lo mejor para mí a largo plazo? ¿Puedo saber con absoluta certeza que esto no es lo mejor para mí a largo plazo?
     Incluso aunque esta experiencia pueda conducir a mi muerte o a la de un ser muy querido y cercano, observo que la muerte forma parte del Juego de la Vida, observo que todo nace y muere, desde una ameba hasta una estrella ¿Puedo saber con absoluta certeza que eso no es lo mejor? ¿Puedo, quizá, aprender grandes lecciones ante la mirada de la muerte?
     Si no te estuviera ocurriendo lo que te está ocurriendo ahora y de lo que tanto te quejas, si tuvieras en tu vida todo lo que crees que te falta, ¿tienes la completa seguridad de que entonces serías feliz, tienes la total certeza de que entonces tendrías una vida plena, dichosa y con significado?
     ¿Has leído estas preguntas hasta aquí? ¿Las has respondido? Entonces planteo dos preguntas más: 
     ¿Quieres ser Feliz o Sufrir? ¿Quieres Conocer la Verdad o Tener Razón? 

     Si quieres ser Feliz y te atreves a Conocer la Verdad, indaga dentro de ti qué es lo que ya estás aprendiendo, qué es lo positivo de esta experiencia tan dura. Quizá encuentres un valioso aprendizaje, o tres, o seis. Si miras con valentía dentro de ti encontrarás la respuesta al ‘Para Qué’… y, en el fondo, si sabes el ‘para qué’, sabes el ‘porqué’. 

lunes, 18 de mayo de 2015

Acabar con las Guerras



     Las guerras empiezan dentro de nuestra mente. En la voz enfadada de la cabeza que insiste en tener razón. En realidad no se trata de tener o no tener razón. Si no de empezar o no una guerra. Aquí y Ahora. 
     Durante miles de años los seres humanos han realizado guerras, destruido y matado por ‘causas justas’. ¿Ha servido de algo? ¿Vivimos en paz? ¿Hemos construido, gracias a las guerras, un mundo más justo? La respuesta es evidente. Si tienes alguna duda, enciende la televisión y pon alguna cadena de noticias. 
     En lo pequeño las guerras están dentro de nosotros. Cada vez que discutimos y nos peleamos. Cada vez que justificamos nuestra discusión porque ‘tenemos razón’. Cada vez que queremos convencer al otro, —al que vemos inmediatamente como oponente—, de que está terriblemente equivocado y nosotros estamos en la cierto. Como digo, no se trata de quién tiene razón, si no del estado de conciencia, de las emociones que despliego. ¿Hay rabia, odio, dentro de mi cuando intento convencer a alguien de que lo que yo le digo es cierto, es más acertado y su posición es la errónea? Si hay rabia, si hay odio, —aunque no lo exprese verbalmente—, dentro de mi mente hay guerra. 

     ¿Es normal, es cuerdo, comer todos los días con un desfile de muertes, asesinatos y guerras? No estoy diciendo con eso que no podamos ver las noticias o tener información del mundo. Infórmate si quieres hacerlo. ¿Pero tiene que ser a la hora de comer? ¿Quizá con la compañía de los pequeños de la casa? ¿Tiene que ser de una forma tan morbosa?
Explorando un poco más nuestros hábitos: ¿Es normal que paguemos por ir a ver películas en las que gente mata, tortura y viola a otros seres humanos? ¿Es cuerdo que a eso lo llamemos descanso, relax?

     ¿Quieres acabar con las guerras? Sólo tienes que acabar con una. Con la guerra dentro de tu propia mente. Sólo necesitas ser consciente de cuándo actúas por o con odio y rabia. Y cuando tomes conciencia de ello, en vez de actuar, observa la rabia. La conciencia que observa no es la rabia. Pertenece a otra dimensión. 
     Siéntate a observar tu rabia hasta que se vaya. Si no te aferras a ella se terminará yendo. Entonces el mundo tendrá más paz. Gracias a ti. 

     Puedes acabar con las guerras en tan sólo un instante. Ahora. Y sólo necesitas una persona: Tú. 

lunes, 11 de mayo de 2015

Conciencia en el Espacio Interior



     Asómate al borde de un acantilado hacia el mar abierto y espacioso.
     Sube a lo alto de una montaña y mira los valles, las cadenas montañosas, el espacio abrirse delante de ti. 
     Cuando estés en lo alto de un edificio, observa cómo el espacio se abre delante de ti. 
     Obsérvalo, también, cuando viajes en avión. 
     Túmbate en el suelo, un día despejado, y observa el espacio azul infinito. Hazlo también por la noche. Observa las estrellas, observa el espacio entre las estrellas. 
     Ahora cierra los ojos. Siente ese mismo Espacio dentro de ti. Siente el Espacio infinito, amable, amoroso, tranquilo, dentro de ti. Deja que tu conciencia descanse en ese Espacio interior durante un tiempo. Luego abre los ojos. Notarás que el Espacio 'interior' y el 'exterior' se funden, que son el mismo, sin diferencia, ni límites. 
Un Espacio vivo, consciente y vibrante de Vida. 

     La Vida que sale al encuentro de la Vida. 

lunes, 4 de mayo de 2015

Primavera Humana


     El viento sigue siendo helado y el frío golpea duro la piel y los huesos. 
     Aún así, el ojo observador y el corazón atento perciben la energía que se anima bajo la tierra. 
     Los pequeños brotes que tímidos, silenciosos, empiezan a surgir. 
     Las primeras flores que desafían las heladas.
     Los días que van alargándose, el mirlo que vuelve a cantar, antes del amanecer, en la madrugada helada, antes de que llegue la calidez del buen tiempo. 

     De igual forma, el ojo observador y el corazón atento percibe una nueva energía en la Familia Humana. 
     Es aún tan inicial, tan sutil, que para muchos pasa desapercibida. La mayoría siguen percibiendo el golpe frío de la guerra, la destrucción, la barbarie, la violencia, la desigualdad, el hambre, el maltrato, el planeta en peligro… nosotros mismos en peligro. Y es que todo eso sigue estando ahí.
     Pero, al mismo tiempo, cada vez es más fuerte la calidez de una nueva energía: la cooperación, la amistad, la participación, la ayuda mutua… Gente ayudando a gente. Gente con mayor conciencia. La conciencia plena, la amabilidad, que se introduce, poco a poco, en las escuelas. Gente ayudando a otros seres no humanos, al planeta, a la familia de seres que compartimos esta gran y hermosa casa. 

     Aún así no está garantizado el resultado. De estarlo no habría evolución, no habría aprendizaje. 
     Pero si miras con atención, si abres tu corazón, percibirás esta energía, esta primavera de la conciencia humana. 

     Si te preguntas ¿Está la Humanidad preparada para esta Conciencia Plena? Cambia ligeramente la pregunta: ‘¿Estoy yo preparado o preparada para esta Conciencia Plena?’

     ¿A quién espera esta Primavera? A ti.
     ¿De quién depende la llegada de esta Primavera? De ti. Solamente de ti. 

     La única Conciencia que depende de ti, es la tuya. El único cambio que depende de ti, es el tuyo. La única Vida que puedes vivir, es la tuya. 


miércoles, 29 de abril de 2015

Los lugares ficticios en los que vive la mente


     A la mente le gusta habitar en lugares inexistentes e inventados. 
     Le gusta visitar el futuro, que no existe. Cuando estemos en el futuro siempre lo haremos como 'Ahora', sólo existe el Ahora, tal y como Eckhart Tolle explica, de forma clara y lúcida, en su libro “El Poder del Ahora”. Sin embargo, nuestra mente está más en el futuro que en el Ahora: deseando terminar esta tarea, estando en la siguiente, imaginando un futuro mejor, deseándolo, creyendo que está allí la felicidad, o temiendo por un futuro doloroso. 
     La mente también visita con frecuencia el pasado, ue es otra cosa que tampoco existe. El pasado cuando fue, existió como Ahora, como Presente. A eso hay que añadir que lo que recordamos del pasado no es nunca lo que exactamente ocurrió, cada uno recordamos cosas diferentes, incluso contradictorias, lo que se muestra con claridad cuando varias personas hablamos del mismo evento. La ciencia de la memoria nos dice que, además, nuestro recuerdo depende de nuestro estado de ánimo actual. Así que el pasado es una doble invención, ya no existe, y lo que recordamos no es lo que ocurrió realmente, nunca lo es. 
     Por si fuera poco, la mente inventa otros lugares en los que vive con frecuencia y que se ínter-relacionan entre sí. 
     Un lugar que la mente habita con asiduidad es el lugar inexistente del Condicional: "Si hubiera salido diez minutos antes no estaría en este atasco", es algo que no ha ocurrido, he salido a la hora que he salido y estoy en el atasco, ésa es la realidad. La única realidad. Con el 'Si-condicional' me enfado conmigo y con la realidad, inventándome una ficción en la que pienso que estaría mejor. Es más práctico anotar la experiencia, decir 'mañana saldré 10 minutos antes', y ahorrarnos todo el gasto emocional. 
     Otro lugar en el que suele vivir nuestra mente es el lugar de 'debería-no debería'. Es un mundo completamente ficticio en el que pienso cómo sería yo o cómo serían las otras personas, o cómo sería el mundo. Pero No Es. 'Los políticos deberían ser honestos', 'yo debería ser más puntual'. Utilizamos nuestro dedo acusador y enjuiciador, hacia afuera y hacia dentro, con crueldad, viviendo en una fantasía que no existe y que, a buen seguro, no coincide con la fantasía de mi vecino, porque cada uno pensamos que el mundo 'debería ser' de una manera diferente. 
     Y, finalmente, el quinto lugar en el que la mente habita con frecuencia, muy relacionado con el de 'debería-no debería' y con el 'si-condicional' es en la vida de los demás. Pensamos en las vidas ajenas, en lo que esas personas deberían hacer o no hacer, pensar o no pensar. O miramos a esas personas con deseo o envidia, 'si yo tuviera una pareja así...', 'si yo tuviera un coche como ese...', 'si yo tuviera un cuerpo como ese...'. Vivimos las vidas ajenas y, como dice Byron Katie, cuando vivimos las vidas ajenas, ¿quién se queda viviendo la nuestra? Nadie. Dejamos nuestra vida, sola, abandonada, arruinada, inconsciente. 
     Y lo hacemos porque vivimos constantemente en esos cinco mundos irreales, en lugar de vivir en el único mundo posible, la única vida posible, en lo único que Es: Yo, Ahora.


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