miércoles, 25 de febrero de 2015

Oliver Sacks ante el cáncer y ante su propia muerte



    Traducción del artículo que Oliver Sacks escribió en el NYTimes reflexionando sobre su cáncer y la cercanía de su propia muerte. (Traducción de Antonio Tejero Peregrina revisada por Yolanda Calvo Gómez; gracias Antonio): 
     Hace un mes, me sentía que estaba sano, incluso robustamente sano. A los 81 años, todavía nado una milla cada día. Pero mi suerte se ha acabado, hace unas pocas semanas me enteré de que tengo múltiples metástasis en el hígado. Hace nueve años descubrieron que tenía un tumor muy poco común en el ojo, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el láser necesarios para acabar con el melanoma me inhabilitaron ese ojo, solo en casos excepcionales esos tumores metastatizan. Estoy entre los desafortunados 2 %. 
     Estoy agradecido de haber tenido el regalo de nueve años de buena salud y productividad desde el primer diagnóstico, pero ahora estoy cara a cara con la muerte. El cáncer ocupa un tercio de mi hígado, y aunque su avance pueda ser ralentizado, este tipo particular de cáncer no puede ser curado. 
     Depende de mi ahora como afrontar estos meses que me quedan de vida. Tengo que vivir de la más rica, profunda y productiva manera que pueda. Para ello me animan las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David hume, quien, al saber que estaba enfermo de muerte a la edad de 65, escribió una corta biografía en un solo día en abril de 1776. La tituló: “Mi propia vida”. 
     “Ahora reconozco, ante el rápido desenlace,” escribió, “ que he sufrido muy poco por esta enfermedad, y lo que es más extraño, nunca he sufrido un momento de abatimiento de mi espíritu. Poseo el mismo ardor de siempre en mis estudios, y la misma satisfacción de estar compañía.” 
     He tenido la suficiente suerte de vivir ochenta años y los quince años que me han sido otorgados sobre los de Hume los he vivido de forma igualmente rica en trabajo y amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y completado una autobiografía, desde luego más larga que las pocas páginas de Hume, que se publicará esta primavera. Tengo otros tantos libros a punto de terminar. 
Hume continúa, “ soy un hombre de disposiciones leves, de controlado temperamento, de un humor abierto, social y alegre, capaz de apegarme, pero susceptible de enemistarme, y con gran moderación en todas mis pasiones.” 
     Aquí difiero con Hume. Aunque haya disfrutado relaciones amorosas y amistades y no tengo enemistades reales, no puedo decir (y nadie que me conozca lo podría decir) que soy un hombre de disposiciones leves. Al contrario, soy un hombre de disposiciones vehementes, con entusiasmos violentos, y una extrema inmoderación en todas mis pasiones. 
     Y aun así, una de las frases de Hume me asombra por ser especialmente verdadera: “es difícil” escribió, “ estar más desapegado de la vida de lo que estoy ahora mismo”. 
     Durante los últimos días, he sido capaz de ver mi vida como de un punto de vista superior, desde una gran altitud, como si fuera un paisaje, y con un profundo sentido de conexión con todas sus facetas. Esto no quiere decir que estoy acabado con la vida. 
Al contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero, en el tiempo que me queda, profundizar en mis amistades, despedirme de aquellos que amo, escribir más, viajar y tener las fuerzas, para lograr nuevos niveles de entendimiento y percepción. 
Esto involucrará audacia, claridad y simple y llano hablar; intentando ajustar mis cuentas con el mundo. Pero habrá tiempo, a su vez, para divertirme. 
     Siento una repentina y clara capacidad de concentración y perspectiva. No hay tiempo para nada que no sea esencial. Tengo que concentrarme en mí mismo, mi trabajo y mis amigos. Ya no veré las noticias de la noche. Ya no prestaré ninguna atención a la política o discusiones sobre el calentamiento global. 
     No es indiferencia sino desapego; aún me preocupo profundamente sobre el Medio Oeste, sobre el calentamiento global, sobre la desigualdad creciente, pero estas cosas ya no son asunto mío; pertenecen al futuro. Me regocijo cuando me encuentro con agraciados jóvenes, incluso aquel que diagnosticó mi metástasis. Creo que el futuro está en buenas manos. 
     He sido cada vez más consciente, durante los últimos 10 años o así, de las muertes de mis contemporáneos. Mi generación está desapareciendo, y cada muerte la he sentido como un desgarre, una pérdida de una parte de mí mismo. No habrá nadie como nosotros cuando nos hayamos ido, aunque de todas formas nunca ha habido nadie que sea igual que otro, nunca. Cuando la gente muere, no pueden ser remplazados. Dejan huecos que no pueden ser rellenados, y es que ése es el destino --el genético y neurótico destino-- de cada ser humano, el de ser un único individuo, que busque y encuentre su propio camino, que viva su propia vida, que muera su propia muerte. 
     No puedo intentar aparentar o pretender que no tengo miedo. Pero mi sentimiento predominante es de gratitud. He amado y he sido amado, se me ha dado mucho y he dado mucho a cambio; he leído y viajado y reflexionado y he escrito. He tenido un tira y afloja con el mundo, la interacción característica de los escritores y lectores. 
     Sobre todo, he sido una persona sensible, un animal pensante, en este bello planeta, y eso por sí mismo ha sido un enorme privilegio y una increíble aventura. 


     Oliver Sacks, profesor de neurología en el colegio de Médicos de la Universidad de Nueva York. 



miércoles, 18 de febrero de 2015

Práctica: Ser consciente de cuándo tu mente se adelanta al siguiente momento


     Práctica: Plena presencia en el instante presente, ser consciente de cuándo tu mente se adelanta al siguiente momento.
     ¿Te has visto alguna vez sacando las llaves de casa antes de llegar a la puerta de casa? ¿Sacando las llaves del coche antes de llegar al coche? 
     Es algo tan común, que ni nos damos cuenta que, al hacerlo, estamos adelantándanos en el tiempo al momento siguiente, estamos dejando de vivir el instante presente. 
     Como en lo pequeño hacemos en lo grande y proyectamos nuestra mente a un futuro que o imaginamos mejor o peor. Si lo imaginamos mejor, sentimos esperanza. Esperanza que, sin embargo, va de la mano de dos amigos: el miedo a no conseguirlo y el rechazo al presente que no es, aún, ese futuro deseado. O imaginamos el futuro con temor, ansiedad y preocupación. Sea como sea, incluso en la proyección positiva de ese futuro, la ansiedad y el miedo son la respuesta emocional que se afincan en nuestro cuerpo. 
     Una práctica fácil y potente es observar tu mente y cada vez que veas que se adelanta al siguiente paso, volverla a centrar en el instante presente. Si estás caminando centra tu conciencia en el paso que estás dando, tu cuerpo, tu respiración… si te estás lavando las manos, el agua, el jabón, el movimiento…
     Observa cómo tu mente se adelanta, cuando haces una tarea, piensas en la siguiente, cuando estás yendo al supermercado, piensas en lo que vas a hacer allí, cuando vuelves del supermercado, piensas ya en la casa…
     Cada vez que ‘pilles’ a tu mente adelantada, vuélvela a centrar en el ahora. Como si este paso, esta respiración es lo único que tuvieras en tu vida. Que en realidad es lo único que tienes en tu vida Ahora, porque es lo único que hay Ahora.

lunes, 16 de febrero de 2015

Soy


¿Cuánto tiempo permanece el pájaro en la rama?
¿Cuánto tiempo tarda en caer la gota de lluvia?
¿Cuánto tiempo dura un pensamiento antes de que venga otro?
¿Habitan en tu mente los mismos pensamientos que cuando tenías seis años?
¿Los mismos pensamientos y emociones que hace seis años?
¿Son los mismos pensamientos y emociones antes y después de enamorarte, antes y después del nacimiento de un hijo, o de la separación y muerte del ser tan amado?
Aquellos pensamientos que habitan en tu mente con tozudez, y se repiten sin cesar, ¿no será que los has apresado como al pequeño pájaro que quiere volar libre?
Y si tus pensamientos y emociones cambian tanto, y a veces tan rápidamente, otras tan drásticamente… ¿Quién eres? 
Te buscas erróneamente en la mente enmarañada de pensamientos y emociones.
Te aferras a ellos y los atrapas, los agarras o los rechazas y ellos te estrangulan. 
Pero no, no son ellos, eres tú.
¿Puede el pájaro volar sin Espacio?
¿Puede el árbol crecer, la rama expandirse, la flor abrirse, sin Espacio?
¿Puede la gota de lluvia caer sin Espacio?
¿Pueden los pensamientos existir si no existe el Espacio?
Mira el Espacio, eso que consideras Vacío y que has desechado como no-importante. 
Sin él nada existe. Sin él nada Es. 
Búscate en el Espacio. En el Espacio Vacío y Sin-Forma. 
Búscate en el Espacio entre pensamiento y pensamiento.
Búscate en el Silencio de tu mente. 
Ni siquiera tienes que buscarte. 
Sólo tienes que aquietarte y mirar el Espacio, Sentir el Espacio. 
Y entonces ves que es lo único que permanece, lo único que ha estado siempre,
lo único que siempre estará.
Y entonces sientes que Eres Espacio.
Y que en el Espacio que Eres ocurre esto que llamas pensamientos, emociones, acontecimientos… 
Pensamientos y emociones que surgen y mueren, cambiando sin cesar.
Acontecimientos que cambian continuamente, uno detrás de otro. 
Todos ellos moviéndose y fluyendo, naciendo y muriendo, vienen y van en el Espacio que Eres, como los pájaros y la lluvia. 
Y entonces sientes que en el Espacio que Eres ocurre esto que llamas ‘tu vida’. 
‘Tu vida’ con letras pequeñas, que también nace y fluye y cambia y se acaba. 
Pero el Espacio permanece. 

Y de repente todo es ligero, todo ha perdido su peso.
Nada importa. Nada es serio. 
Es la danza, el juego de la Vida, de la Vida con mayúsculas, de la Vida que nunca empieza y que nunca acaba.
Un sonrisa se dibuja en mi rostro. Juego el juego. Sé que estoy jugando un juego.
El peso perdido es inmenso. 
Soy Espacio. Vacío. Enorme. 
Tan grande como el Universo. 
Soy.
Juego.

sábado, 7 de febrero de 2015

Transforma tu Vida por medio de la Respiración Consciente


     Cada respiración consciente te ancla en el Ahora. No puedes respirar el aire de ayer. No puedes respirar el aire de mañana. Por la mañana en la ducha, no puedes hacer todas las respiraciones del día para tenerlas hechas. Ni siquiera puedes inspirar y espirar a la vez. Tampoco puedes respirar conscientemente y pensar en otra cosa. Inténtalo, comprobarás que no es posible. Centrar tu Conciencia en la Respiración abre la puerta al Ahora. Nota cómo tu abdomen sube y baja al respirar, cómo tu pecho se expande y contrae con la respiración. Observa cómo tu cuerpo respira, no tienes que hacer nada, sólo observar cómo tu cuerpo lo hace. Observa también la pequeña pausa que hay entre respiración y respiración, observar esa pausa da mucha calma. Tu mente se detiene y empiezas a notar más calma.
     Eckart Tolle en "Un Nuevo Mundo, Ahora", recomienda observar la respiración con tanta frecuencia como podamos, cada vez que nos acordemos. Una respiración consciente, dos o tres aún mejor. Dice que tras un año haciéndolo conseguiremos más que yendo a muchos cursos, y será gratis. Y es cierto. Puedo asegurar que es cierto. Llevo años haciéndolo y es verdad. En Oriente llevan miles de años enseñando a hacer esto.
     Claro, que la mente dice "eso es muy difícil", porque no quiere que lo hagamos, porque la cháchara mental continua se interrumpe. No creas lo que dice la mente. Lo que te dice tu mente no tiene porqué ser verdad. Tampoco me creas. No creas a Tolle. No creas a Buddha. Compruébalo. Atrévete a probarlo.



miércoles, 4 de febrero de 2015

En-Amorarse o En-Necesitarse

El beso. 1859. Francisco Hayez.

  Inspira música, canciones, poemas, retratos… Estar enamorado parece elevarnos a la cima de las emociones y sensaciones vitales. El que no está enamorado, quiere estarlo. La persona que está enamorada, no quiere dejar de estarlo. El que lleva años en una relación, añora la pasión y arrobamiento de la primera etapa de enamoramiento: Sentir el temblor en las manos y en el cuerpo cuando te acercas, quizá por primera vez, a la persona deseada. Sentir que todo el mundo desaparece y se concentra en ese beso. Sentir que los límites de tu identidad desaparecen y se funden con las de la otra persona…  
  Pero, ¿es eso el amor? ¿o el comienzo del amor? 
No necesariamente. El hecho de que la emoción sea intensa, tremendamente intensa, no significa que esté provocada por algo cierto o bueno. Piensa en la intensidad del odio que mata y asesina, ¿justifica esa intensidad emocional las acciones que se deriven de ella? Piensa también en la intensidad del deseo de un drogadicto, y en la intensidad de su placer (al menos, las primeras veces), ¿convierten la intensidad del deseo y el placer derivado de la satisfacción de su deseo en algo bueno para la persona, para su cuerpo, para su mente, para su entorno? Piensa en la intensidad de la emoción de los niños la víspera de Reyes. ¿Esa emoción es producida por algo real?
Así que, no, no es la intensidad de una emoción la que nos dice si lo que la genera es bueno o si va a derivar en algo bueno, o si es verdad. Por muy intensas que sean las emociones en la primera fase de “enamoramiento” no significa que la relación vaya a ir bien, no significa que sea “la” persona, y no significa que sea amor. 
Si observamos las poesías y canciones de amor, sin dejarnos llevar por el condicionamiento cultural sobre el romanticismo que todos hemos sufrido, veremos que la inmensa mayoría tienen un rasgo común: insisten que nuestra felicidad vendrá gracias a la cercanía de la otra persona, y que la vida no tendrá sentido sin ella. “Eres todo lo que espero, eres todo lo que necesito” canta Joe Cocker en You Are So Beautiful. “No puedo vivir si la vida es sin ti, no puedo vivir, no puedo dar más” canta Harry Nilsson en Without You, o “la quiero a morir” repite Francis Cabrel en su canción con ese mismo título Je l’aime à mourir.







Y en todas esas afirmaciones tan ‘románticas’ hay, de base, una creencia falsa que es la raíz del sufrimiento posterior: creer que es otra persona la que nos dará la felicidad —el famoso mito de la “media-naranja”, de las “almas gemelas”—. Lo cierto es que nada ni nadie, puede, desde fuera, darnos la felicidad. La Felicidad sólo está dentro de nosotros mismos. Es un tesoro que sólo descubriremos viajando hacia nuestro interior y desarrollando la capacidad de ser felices, como una herramienta, como otra capacidad más. Matthieu Ricard en su libro “En Defensa de la Felicidad” define la misma como “un estado adquirido de plenitud subyacente en cada instante de la existencia y que perdura a lo largo de las inevitables vicisitudes que la jalonan”. Esta felicidad genera un resplandor “que ilumina de dicha el instante presente y se perpetúa en el instante siguiente hasta formar un continuo que podríamos llamar ‘alegría de vivir’”.
Es decir, que la felicidad depende de nosotros mismos, de que hayamos aprendido a desarrollar esa plenitud. Como expliqué en la entrada anterior, La Mente Silenciosa (http://linkcerebromente.blogspot.com.es/2015/01/la-mente-silenciosa.html), cuando nuestra mente está en silencio, nos permite ver que esa Felicidad está, efectivamente, en nuestro interior.
La responsabilidad de regular nuestra mente, de aprender a utilizarla bien, para que podamos tener un acceso más continuo a nuestro Ser sólo depende de nosotros. Es un trabajo personal y único. Es cierto, que la compañía de otras personas que estén haciendo el mismo trabajo es una gran ayuda. Más aún si es tu pareja. Pero al final, el trabajo es de cada uno. Nadie lo puede hacer por nosotros. 
Para la mayoría de la gente, sin embargo, partimos de la creencia falsa: “esta persona me dará la felicidad” y al comienzo, desde luego, parece hacerlo, pero cuando la relación lleva un tiempo la mente, el ego, vuelve a sentir, otra vez, ese vacío, esa insatisfacción, esa ansiedad, ese miedo, esa tristeza, esa incomodidad general con la vida, esa profunda insatisfacción que proviene de la desconexión con uno mismo pero que, no sabiéndolo, le echamos la culpa a la otra persona que, debería habernos hecho felices. Como le dijo un hombre a su mujer durante el desayuno: “¿Sabes qué? Se supone que deberías hacerme feliz todos los días y no estás cumpliendo con tu trabajo. ¡Quiero el divorcio!”. Es un caso extremo, desde luego, pero de forma inconsciente, para muchas personas, es así. Su pareja debe darles la felicidad. Proyectan en su pareja la misma actitud que con otras cosas en las que también buscan erróneamente la felicidad: el dinero, el trabajo, una carrera, una posición social, un coche… Eso no significa que tener estas cosas no te den satisfacción y no las puedas disfrutar. Cuando la vida te las regala, disfrútalas, hónralas, respétalas, cuídalas… siente agradecimiento por poder tenerlo o disfrutarlo. Pero ten claro que tu felicidad no depende de ellas.
Y de la desilusión al ver que esa persona no te hace feliz se puede pasar a la rabia, la irritación, e incluso el odio. ¿Cuántas personas empiezan a vivir juntos o se casan perdidamente enamorados para separarse llenos de odio, rabia y resentimiento? ¿Puede el amor convertirse en odio? Obviamente no. El amor no puede convertirse en odio. Pero el apego adictivo por una persona sí. Porque no nos habíamos en-amorado, nos habíamos en-necesitado. Y el haber cargado la responsabilidad de nuestra felicidad a nuestra pareja puede hacer que el aprecio y apego que le teníamos, y que confundíamos con amor, se convierta en odio. En un odio intenso. 
Estoy viendo las caras de más de uno y de más de una diciendo, “¡pero no! ¡yo lo que sentía durante todos estos años es amor, eso seguro!” Piénsalo un poco. ¿Tienes hijos? ¿Los amas? ¿Los puedes llegar a odiar? No. Incluso aunque hagan algo malo, aunque estés muy enfadado o enfadada con ellos, no los odias. ¡No puedes! Esa es la diferencia. ¿Puedes amar a una pareja, a otra persona que no sea tus hijos de la misma forma incondicional? Sí, se puede, y ese es el objetivo de la evolución de nuestra conciencia humana. De hecho muchas prácticas de meditación, como las de Amor-Amabilidad, tienen como objetivo desarrollar esa capacidad en la persona que las practica. 
  Entonces, si el objetivo de las relaciones no es hacernos feliz, ¿cuál es? Despertar, hacernos conscientes. Darnos cuenta que no está fuera, sino dentro de nosotros el tesoro que buscamos. Puedes meditar durante años en un monasterio y en condiciones ideales y, desde luego, eso supondrá un gran avance para tu conciencia. Pero donde realmente estará tu prueba de fuego será en las relaciones con los demás. Encuentra la paz y la felicidad, dentro de ti, en el mundo, con todo lo que la vida y el mundo te dé. Ese es el verdadero trabajo. Esa es la verdadera conquista. 
Vive con Plena Conciencia. Aprecia el regalo de cada momento y cada cosa. Cuídalos. Hónralos. No están aquí para satisfacer tus deseos. No están aquí para hacerte feliz: ni tu trabajo, ni tu pareja, ni tus hijos, ni tus amigos, ni tus padres, ni la naturaleza, ni el planeta… pero serás plenamente feliz si disfrutas y honras su presencia en tu vida con todo tu corazón.




En un futuro: ¿Por qué hay personas que se enamoran siempre de la persona menos adecuada? ¿Puede una relación que empieza como apego, como necesidad, transformarse en amor? ¿Cómo?

martes, 3 de febrero de 2015

Observa tu Mente

    

    Esta práctica es muy poderosa y puede marcar una diferencia importantísima en cómo vives tu vida y en la práctica de tu meditación, si ya meditas: 
     Observa tus pensamientos, la voz dentro de tu cabeza, la cháchara mental, con tanta frecuencia como puedas. Presta especial atención a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos pensamientos que se reiteran un día tras otro. Te darás cuenta de que la mayoría de los pensamientos son muy repetidos, martilleantes, que la mente es cíclica y obsesiva. Mantente allí como presencia que atestigua. Observa los pensamientos imparcialmente, no participes (no los alimentes dándoles más argumentos, más energía), no juzgues (no los rechaces, no los bloquees diciéndote ‘¡qué horror! ¡no quiero pensar en esto!’). Si participas o los juzgas otra vez te has identificado con los pensamientos, te has dejado arrastrar por ellos. No los rechaces como si fueran malos, no los persigas, no los creas, como si fueran verdad. 
     En Oriente solían utilizar la imagen de ponerse en la orilla de un río y observar la corriente, sin dejarte arrastrar por ella, pero sin bloquear el flujo del agua. Una carretera moderna, tal y como nos propone Andy Puddicombe en los vídeos de Headspace, puede ser una imagen más fácil de comprender para un occidental (ver abajo el vídeo del Tráfico Mental de Headspace y debajo la traducción al castellano). Nos colocamos en la orilla de la “carretera del tráfico mental” y observamos lo que ocurre. Cada coche representa un pensamiento, una emoción… Lo que tenemos que hacer es observar, sin parar el tráfico, sin bloquear ni juzgar el pensamiento (¡no quiero pensar en esto! ¡No quiero sentir esto!), ni tampoco perseguirlo, (porque sea agradable o porque piense que ‘tengo razón’); es decir, sin perseguir los pensamientos como los perros que persiguen las ruedas de los coches. 
     Al ser el testigo en la orilla de la corriente mental eres la Conciencia que observa. Eres consciente no sólo del pensamiento, sino de ti mismo como testigo del pensamiento. Hay una conciencia por debajo o por detrás, o por encima, del pensamiento. Esta Conciencia no es pensamiento, no es mente. 
     Al no identificarte con el pensamiento le restas energía. No lo alimentas identificándote con él, persiguiéndolo o bloqueándolo (cuidado, que al bloquearlo también le da energía). Lo observas siendo la conciencia testigo, sin identificarte con él. Esta práctica es el fin del pensamiento obsesivo y compulsivo. 
     Puedes realizar esta práctica durante tu meditación. Pero donde encontrarás que genera un cambio realmente transformador es cuando la realizas en tu día, en tu vida cotidiana. Siempre que te acuerdes, cuantas más veces al día mejor, aunque sea durante unos segundos, sé la Conciencia que observa los pensamientos. Eso va generando brechas de no-pensamiento, de silencio y quietud en tu mente. Esas brechas al comienzo serán cortas, de apenas unos segundos.  Se irán alargando y empezarán a durar minutos, y llenarán cada vez más espacio en tu vida cotidiana. De hecho, ya tienes brechas sin pensamiento, de silencio, sin cháchara mental, si no, no estarías leyendo esto… lo que ocurre es que no eres consciente de ellas. Quizá se dan con más facilidad cuando estás en contacto con la Naturaleza como describí en “La Mente Silenciosa” (http://linkcerebromente.blogspot.com.es/2015/01/la-mente-silenciosa.html), o cuando tienes un recién nacido en brazos, o cuando tu gato ronronea sobre tu pecho... Es importante ser consciente de esas brechas sin pensamiento.
     Sabrás que lo estás haciendo bien, cuando notes una sensación de paz y de calma, de serenidad, independientemente de lo que pase en el día. Porque entonces ya no será un ejercicio que estás haciendo sino una Conciencia que estás siendo. Puede ser un día difícil, puede haber dolor, o enfermedad, o duelo, pero puedes seguir notando esa serenidad de fondo. Al comienzo, ese contacto con esa serenidad irá y vendrá; pero se irá haciendo cada vez más constante y fuerte. A veces también vendrá una sensación de profunda e intensa alegría, que resulta muy sorprendente al comienzo, porque no sabemos de dónde viene: es la Alegría del Ser, la Alegría de la Fuente de la Vida, de la Vida-Una de la que comienzas a ser consciente. No viene de fuera de ti, viene de dentro de ti. Sólo Tú eres la Fuente de la Verdadera Felicidad


     Traducción del vídeo: “Entrenar la mente es bastante diferente de lo que la gente suele pensar que es. Quizá tengan la idea de que es parar pensamientos, o eliminar emociones. Pero en realidad es un poco diferente, una forma fácil de comprenderlo es imaginarte sentado a la orilla de una carretera con bastante tráfico. Los coches que pasan representan los pensamientos y las emociones. Y lo único que tenemos que hacer es sentarnos ahí y observar los coches. Parece fácil, ¿verdad? (-¡Claro! dice el ‘muñequito’). Pero lo que normalmente ocurre es que nos sentimos alterados por el movimiento del tráfico. Así que rápidamente saltamos en mitad del tráfico y lo intentamos parar (el personaje de la animación para dos coches que llevan emociones negativas, rabia y miedo), o quizá lo perseguimos (el personaje corre detrás de dos coches que representan el amor y la relajación). Olvidándonos que la idea era sentarnos en la orilla. Y, por supuesto, todo este correr por ahí aumenta nuestra inquietud en la mente. Entrenar la mente es cambiar nuestra relación con los pensamientos y emociones que pasan, aprender a verlos con un poco más de perspectiva. 
     Y cuando hacemos esto, de forma natural, encontramos un lugar de calma. ¡Pero que a veces se nos va a olvidar cuál era la idea y nos vamos a distraer!, ¡por supuesto que lo haremos! Pero tan pronto como lo recordemos ahí estaremos, otra vez en la orilla de la carretera, simplemente mirando el tráfico pasar, perfectamente relajados/as en cuerpo y en mente.” 


lunes, 2 de febrero de 2015

Práctica de Conciencia Plena para los Días con Estrés


     ¿Quieres ver un milagro? En un día que esté muy cargado de tareas ve despacio, muy despacio, con plena conciencia en lo que haces en cada momento. No pienses en la siguiente tarea. Cuando tu mente huya al momento siguiente, vuélvela a centrar en lo que haces en ese instante y en tu cuerpo. Si te estás lavando las manos, siente el movimiento de tus manos, el agua, la temperatura, el jabón... Si estás subiendo unas escaleras, presta atención a tu cuerpo, a cada paso, a tu respiración... no pienses en a dónde vas, si no en cada paso, como si fuera lo único que existiera en ese momento... porque es lo único que existe. Lo único que existe siempre es el Ahora. 
     Haz una sola tarea por vez, no hagas multitarea. Una sola cosa, despacio, con Plena Conciencia. Te dará tiempo a hacer todo y el día terminará sin un rastro de estrés, con calma, con felicidad. 
     Es como si las manecillas del reloj fueran más despacio. Has salido del Tiempo. Has entrado en el Ahora.

Mindfulness para Niños

La psicóloga Teresa Arévalo ha escrito un artículo en Psicopedia sobre Mindfulness para niños que incluye uno de mis vídeos de Tranquilandia. 



jueves, 29 de enero de 2015

Mindfulness en Colegios Públicos de Barrios Violentos




     En los barrios más pobres y violentos de San Francisco han introducido la meditación Mindfulness, dos veces al día, durante 15 minutos. En el vídeo podemos ver cómo el colegio Visitacion Valley introdujo en el año 2007 la Meditación Trascendental, llamándola Quiet Time (Tiempo de Silencio). Entonces este colegio tenía las tasas más altas de absentismo y de expulsiones, la tasa más alta de abandono de su profesorado, y la tasa más baja de logros académicos. Tenían la segunda tasa de criminalidad de San Francisco y el 85% de los niños vivían en familias por debajo del umbral de la pobreza. Entonces el director, James Dierke se atrevió a probar algo diferente. Tanto él como el profesorado recibieron un entrenamiento en Meditación y comenzaron aplicando el programa en las clases de 6º y 1º de ESO. 
     Los resultados fueron impresionantes. Un año después ya se podían ver los resultados, las clases que tenían Tiempo de Silencio, estaban más atentas, más tranquilas y tenían mejores resultados académicos. Las tasas de absentismo escolar estaban en ese colegio por encima del 50% y en el 2012, en que se hizo este vídeo, habían bajado al 7%, mientras que el absentismo escolar en el Estado ha subido al 30%. Antes de aplicar el programa su tasa de expulsión temporal de las aulas era la misma que el resto del Estado, un 13%; ahora han descendido este índice al 6%, mientras que el resto del Estado sigue con la misma tasa anterior. También ha mejorado el resultado académico de los alumnos un 10%. Incluso aunque una pequeña parte del tiempo de colegio se utiliza para el Tiempo de Silencio, los niños aprenden más, porque están más centrados y dispuestos para el aprendizaje. También ha disminuido la violencia en el colegio. No sólo eso, un 20% de sus alumnos fueron admitidos, al finalizar 2º de la ESO, en uno de los mejores y más exigentes Institutos de los EE.UU. (Lowell High School). 
     Antes de la aplicación del programa 19 de 36 profesores del Colegio habían pedido traslado a otro centro. Un profesor en un colegio como este, no sólo es profesor, no sólo enseña, también es terapeuta, amigo, consejero, mentor... Así que es un trabajo que puede ser realmente estresante. La meditación ayuda enormemente también a los profesores, les ayuda a mantenerse centrados, serenos y con energía para toda la jornada. Desde que empezaron el programa Tiempo de Silencio, los únicos profesores que ha perdido el colegio han sido por promoción o jubilación. 
     Posteriormente el programa se extendió a tres colegios más. Tienes que invertir el tiempo, el dinero, la gente, pero los resultados son impresionantes. Las cifras y los estudios lo demuestran: Los estudios tras cuatro años de funcionamiento del programa en diferentes colegios demuestra:
Una mejora del rendimiento académico del 10%.
En el plazo de dos años un 86% de reducción de la tasa de expulsiones.
Un 40% de reducción del malestar psicológico, incluyendo estrés, ansiedad y depresión. 
En dos años un 65% de conflictos violentos. 
Igualmente una reducción de los síntomas de TDAH y de otros trastornos del aprendizaje.
Mayor felicidad y autoconfianza, mejor regulación emocional.
Menor estrés en el profesorado, menor burnout.
Mayor creatividad.
     Los niños, aunque siguen viviendo en un barrio muy violento y en familias, muchas de ellas, también violentas, se encuentran más calmados y menos enfadados, más conscientes de sus acciones. Quizá cuando sean adultos, su mayor conciencia y serenidad ahora, les permita salir, definitivamente, del círculo de violencia y agresión con el que tristemente comenzaron sus vidas, pudiendo construir un mundo más sereno, compasivo y cooperativo.

     ¿A qué esperamos nosotros para comenzar?



(Pincha en la rueda en YouTube, escoge traducir subtítulos y luego escoge "español")


miércoles, 28 de enero de 2015

La Mente Silenciosa


     Estás tumbado sobre la arena de la playa, hace sol, pero no es verano, no quema. La playa está desierta o casi desierta. Sientes el sol calentar suavemente tu piel, y escuchas el rumor incesante de las olas. Tu cuerpo se afloja y se relaja. A veces, algún pensamiento cruza tu mente, pero no demasiados. Si alguien te pregunta: ¿En qué piensas? Es probable que respondas: ¡En nada!. 
     Caminas por un bosque, solo, en silencio. Escuchas tus pasos al caminar y tu propia respiración. Hay un poco de viento. Te detienes. Escuchas el silencio y el viento en los árboles. Miras hacia arriba escuchando. Tu mente se detiene. No piensas en nada. Aunque sea durante el breve lapso de unos segundos o unos minutos, estás en calma, con tu mente en silencio, escuchando el viento en los árboles. 
     Es verano y entras en el mar, tú sola. El agua está tranquila y transparente. El sol brilla sobre el agua creando reflejos que se mueven sin cesar, siempre cambiantes. Miras tus manos y tus pies dentro del agua. Te maravilla la refracción que produce el agua y la miras. Ves los reflejos del sol en el agua siempre moviéndose, en el vaivén de las suaves olas, y te quedas, aquí, también hechizada, mirando. Con la mente en silencio, muy en silencio. Serena y feliz. Te zambulles en el agua, y en ese instante en que tu cuerpo entra en el mar, y te sumerges en el silencio, sientes un culmen de serenidad y felicidad. 
     Ha sido un día cálido y soleado. Estás en el campo, en la playa, o quizá en la ciudad, en algún punto alto y con vistas. Está anocheciendo. El sol desciende hacia el horizonte mientras el cielo se llena de rojos, dorados, naranjas, azules y violetas. El aire caliente sube desde la tierra haciendo que el sol parezca enorme. De vez en cuando algún ave pasa volando delante del sol, o quizá una persona camina hacia el horizonte, como si fuera a entrar en el mismísimo astro ardiente. El mar, las olas, se tiñen de rojo y oro. Si estás en el campo, las aves cantan despidiéndose del sol, avisándose aquí y allá, unos y otros, acercándose a sus nidos, refugiándose, despidiéndose.  En el lado este del horizonte, la noche avanza y el cielo adquiere un tono añil aterciopelado, envolvente y suave, mientras empiezan a brillar las primeras estrellas. Simplemente miras. Simplemente eres. De nuevo tu mente en completo silencio. De nuevo en completa calma, serenidad y asombro. 
     Está lloviendo, el cielo lleno de nubes de gris plomizo, el suelo empapado, los árboles y los montes recién lavados. Escuchamos el sonido de la lluvia. Nos calma, nos relaja. Nuestra mente empieza a hacerse más lenta. De vez en cuando cruza algún pensamiento, pero pocos, lentos. Y entonces ocurre: entre las nubes se abre paso un rayo de sol y se dibuja un arcoiris inmenso en el cielo. Quizá comienza en la colina vecina, o parece comenzar en los tejados de la calle de enfrente… Miramos esa luz-color hechizados. Sí hay pensamientos por nuestra mente, pero son sólo: ¡mira, mira, un arcoiris!.
     Es de noche, no hay luna, y el cielo está limpio y despejado, sin el más mínimo rastro de una nube. La población más cercana está lejos. Estamos en medio de la naturaleza sin que ninguna farola pueda alterar la percepción de la noche ni el brillo titilante de las estrellas. Miramos el cielo y nos quedamos asombrados mirando los millones de estrellas. Vemos el rastro lechoso de la Vía Láctea cubrir el cielo. Percibimos la inmensidad del Universo, y nuestra mente, otra vez, se queda en silencio. Nos sentimos serenos y felices, maravillados, como si todo ese espacio estuviera también dentro de nosotros. 
     Hace frío. Estamos delante de una chimenea, absortos, mirando la danza de las llamas, moverse sin cesar. El crepitar del fuego. Sólo recordarlo calma, da paz. Si, en esos momentos en los que el tiempo se detiene, mirando el fuego, siendo uno con el fuego, alguien nos preguntara otra vez ¿en qué piensas? Casi con toda seguridad responderíamos de nuevo: ¡En nada!. Y si nos preguntara ¿Y cómo te sientes? Diríamos: “Bien, muy bien, serena, feliz”
     Porque en todas estas escenas, eso es lo que calma. Que nuestra mente no piensa, que durante un momento, se queda en silencio. La cháchara mental constante se ha parado. ¿Siempre has creído que era difícil, o quizá imposible, parar la mente? No, no es imposible. De hecho, viendo estos ejemplos no parece tan difícil. Pero sí podríamos decir que, en las situaciones descritas, hay algunas características que hacen que sea más fácil conseguir ese estado de serenidad, de silencio mental. En primer lugar, estar solos, o con alguien que respete nuestro silencio. Si estamos con un grupo de gente, o hablamos, se activa nuestra mente y se hace más difícil, por no decir imposible, tener este tipo de experiencia. Y, en segundo lugar, son todas sensaciones que, estando dentro del mundo de la forma, se acercan al mundo de la no-forma. El rumor de las olas, la lluvia o el viento en los árboles, son sonidos que se parecen un poco al ruido blanco, un sonido “sin forma”, por así decirlo. Los reflejos del sol en el agua que se mueve, tienen forma, pero, como la llama del fuego, es cambiante y no definida. Los colores del anochecer, o los del arcoiris, y especialmente la luz de la atmósfera, tan difícil de captar por una cámara, son pura energía, sin ninguna forma concreta. En la noche estrellada, no es sólo la forma de las estrellas lo que maravilla, sino la sensación de espacio inmenso, sin forma.
     Y es que, cuando dentro del mundo de la forma nos acercamos al mundo de la no-forma, y permanecemos en silencio, es más fácil que nuestra mente se quede, ella también, en silencio y es entonces cuando podemos entrar en contacto con lo que realmente somos, con nuestra verdadera naturaleza, que no es angustiada ni desesperada, sino Serena y Feliz. 
     ¿Quieres tener un acceso más continuo a esa mente serena y feliz? Entonces practica la meditación, o el Mindfulness, o como quieras llamarlo, pero no sólo durante el rato de la meditación, si no la Atención Plena (eso es lo que significa Mindfulness) durante todo el día, en todas tus actividades. Observa tu mente, observa los pensamientos y no los persigas, no los alimentes, déjalos pasar. No hace falta que pensemos tanto, todo el tiempo... Hay muchas situaciones cotidianas en las que no es necesario pensar, y en las que puedes dejar tu mente en silencio, sin forzar, simplemente centrándote, con plena conciencia en lo que estás haciendo: si te lavas las manos, sientes el agua, el jabón, el tacto, la temperatura…, si estás comiendo sientes el sabor de la comida, el aroma, los colores, tu cuerpo… 
     La mente es una herramienta muy útil, pero no hace falta que estemos pensando todo el día y que estemos pensando lo mismo, uno y otra vez, porque sí, la mayor parte de las horas, la mayor parte de los días, pensamos lo mismo, una vez, y otra vez, y otra, y otra, y otra… 
     Por supuesto que tu ego, identificado con la actividad mental y acostumbrado a hacer lo que le dé la gana, protestará. Te dirá es importante que pienses en esto ahora. Pero seguramente no es así. Pensamos, al cabo del día muchas cosas que no tienen importancia o que no llevan a ninguna solución práctica de ningún asunto, aunque éste sea importante. Imaginamos conversaciones y situaciones que nunca se darán. Recreamos escenas del pasado que ya no existen. El ego intenta vivir en cualquier tiempo, pasado o futuro, siempre que no sea el Presente, siempre que no sea el Ahora, que es lo único que existe. 
     Así que observa tu mente, cuando no haga falta pensar, deja que el pensamiento pase. No te dejes arrastrar por la cháchara mental. Genera breves silencios en tu mente, muchas veces al día, cuantas más veces mejor. Al comienzo los silencios de la mente serán de apenas segundos, luego irán siendo de minutos. Y luego serán cada vez más largos. Descubrirás la paz y la calma que da de esta práctica. Descubrirás que tu mente será mucho más creativa cuando dejas que esté en silencio de vez en cuando. Y sabrás que lo estás haciendo bien, cuando notes que sientes cada vez más serenidad, cada vez más felicidad. 
     Lo que conseguías momentáneamente, en esos instantes de conexión con la Naturaleza, y quizá de forma muy potente, con el fuego de la chimenea (por eso yo lo llamo el “efecto chimenea”), empieza a hacerse más constante y presente en tu vida. Y entonces hay Paz, Serenidad y Dicha. Porque ésa es la auténtica naturaleza de nuestro Ser: Luminoso, Sereno, Feliz.


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